miércoles, 3 de noviembre de 2010

Sentencia sobre las miserias valencianistas


Como me esperaba, un juez ha desestimado la demanda del ex consejero del Valencia CF SAD Jesús Barrachina contra el también ex consejero y ex amigo suyo Vicente Silla, por la compraventa de acciones del club en aquella lamentable operación Dalport en la que un grupo de accionistas demostraron su amor al club intentando venderlo al mejor postor. El juicio se celebró el pasado 5 de octubre, como conté en este blog, con presencia como testigos de conocidos personajes del valencianismo.

Por no hacerlo largo, Vicente Silla compró paquetes de acciones a Barrachina, Peris Frígola, Vicente Alegre, los hermanos Cichella Tarín, Vicente Cuquerella y el ex presidente Arturo Tuzón, entre otros, para vendérselos al ex presidente Vicente Soriano y éste a su vez a la empresa fantasma Inversiones Dalport. Como Dalport era un bluf, la operación final no se hizo y Silla devolvió sus acciones a todos, excepto a Barrachina, que no las aceptó y exigió cobrar los 700 euros por acción que le había prometido su hasta entonces amigo. En total, 165.900 euros.

El juez de Primera Instancia número 5 de Valencia desestima la pretensión de Barrachina, pero por motivos distintos a los que yo pensaba, que eran la falta de validez del contrato porque estaba supeditado a otro posterior que no se hizo. La sentencia recuerda el fallo del Tribunal Supremo sobre la operación de Guinness sobre Cruzcampo, en la que declaraba que la primera transmisión de acciones entre socios con intención de agruparlas para luego venderlas era una fiducia cum amico, en la que la validez del primer contrato está supeditada a la realización del segundo. Sin embargo, aunque considera probado que éste era el propósito de Silla, el juez niega que se pueda aplicar esta figura puesto que no ha quedado acreditado que Barrachina conociera que sus acciones se iban a vender a Soriano o a Dalport.

El motivo por el que el juez Juan Francisco Guerra Mora desestima la demanda y hace pagar las costas a Barrachina es que cuando Silla incumplió su obligación de pagarle y quiso devolverle las acciones, éstas hacía tiempo que valían cero euros, según declaró el actual director general del Valencia, Javier Gómez, cuyo testimonio ha sido clave en la resolución del caso. Por ese motivo, según el juez, Barrachina no sufrió ningún daño patrimonial por parte de Silla al pretender éste devolverle las acciones en lugar de pagarle el precio pactado.

Un último detalle: Arturo Tuzón se levantó de la cama con fiebre y acudió a declarar para ayudar a su amigo Vicente Silla, en un último acto de lealtad, inusual en ese mundo de tiburones. Estaba muy desmejorado, aseguran quienes lo vieron. Falleció dos semanas después. He sostenido y sostengo que Tuzón se equivocó varias veces en su etapa de presidente, especialmente cuando repartió las acciones sobrantes de la primera suscripción entre los citados tiburones. Volvió a equivocarse al final de su vida, al intentar sacar tajada de la venta de acciones a Dalport a través de Silla, lo que habría hundido al club. Lo cual no quita para reconocer su trayectoria, suficientemente loada con motivo de su desaparición, como es costumbre en España.

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