
El presidente no parece, sin embargo, tan preocupado por incumplir otra promesa electoral, ratificada en el discurso de investidura el 8 de abril de 2008: "No subiremos los impuestos ni recortaremos prestaciones sociales pese a la desaceleración", fueron sus palabras textuales. Hoy ha subido los impuestos sobre los carburantes y el tabaco, pocos meses después de eliminar el Impuesto sobre el Patrimonio, que pagaban el millón de españoles más ricos, y pocos días después de pedir el voto y la confianza de los españoles. Que no se la dieron, por algo será.
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