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martes, 22 de febrero de 2011

Por qué los ladrones de cuello blanco casi nunca van a la cárcel

Una vieja leyenda de los inspectores de Hacienda cuenta que las cárceles españolas no albergan a ningún preso por delito fiscal, pese a existir esta figura desde los años setenta. Hace unos meses, la Agencia Tributaria decidió romper el mito y ofrecer datos de cuántos ciudadanos cumplen prisión por haber defraudado al erario público. Más que desterrarla, los datos certifican la leyenda: apenas 90 personas viven encarceladas por este delito, según datos de mediados de 2010. (Lee todo el reportaje en elpaís.com)

lunes, 1 de febrero de 2010

Uso fraudulento de la VISA, con permiso del banco



Había oído hablar de delincuentes que se dedican a vender tarjetas de crédito robadas a empresas de transporte para que las utilicen en las autopistas, donde no piden el DNI ni la firma. Lo que no sospechaba es que tales prácticas contaran con la anuencia de las concesionarias de autopistas y de los propios bancos.

El otro día conté, en una entrada titulada España, país de chorizos, cómo perdí la billetera y la recuperé al día siguiente, a falta del dinero y dos tarjetas de crédito que habían sido bloqueadas una hora después del extravío. Pues bien, el bloqueo de las tarjetas y su sustitución por otras nuevas se produjo el 4 de enero y ahora me encuentro con cinco cargos en mi cuenta (53,05 euros en total) porque alguien pagó con una de ellas en varias autopistas los días 23 y 26 de enero.

Llamo al banco y me dicen lo que ya sé, que las concesionarias de autopistas no comprueban la autenticidad de la tarjeta, sino que registran su número y luego pasan el cargo al banco. Ya, pero, ¿por qué el banco acepta cargos sobre una VISA que fue bloqueada hace 20 días? ¿Hasta cuándo los va a aceptar? ¿Por qué ahora tengo que ir a poner una denuncia por el uso fraudulento como única solución para que me devuelvan el dinero, según me dice el banco? Muy sencillo, porque tanto las concesionarias como los bancos han hecho cuentas y han decidido que introducir los cambios informáticos necesarios para evitar que ocurra esto sale más caro que las pérdidas que les ocasiona el actual sistema de hace tres décadas. En sus cálculos no entran las molestias que causan a los clientes. ¡Que se jodan!
Actualizado 4-2-10: El banco me ha devuelto el dinero hoy, al día siguiente de presentar la reclamación.

jueves, 21 de enero de 2010

España, país de chorizos

Ocurrió hace días, pero no había tenido tiempo de comentarlo. Al pagar un taxi me dejé la billetera encima del asiento con 40 euros y todas mis tarjetas de crédito y carnets profesionales. También varias tarjetas de visita donde figura mi nombre, mi número de teléfono móvil y mi dirección de correo electrónico. He preguntado a familiares y amigos qué harían si se encontraran una billetera (no la mía) con tal contenido, y todos dicen que harían lo mismo que yo, intentar localizar al propietario y devolvérsela.

"Aparecerá todo menos el dinero", me advirtieron varios. Y así fue. Localicé al taxista, quien la había dejado en la oficina de objetos perdidos, y faltaba el dinero y dos tarjetas de crédito (el granuja se dejó el bonobús y el bonometro, lo que me hace sospechar del taxista, quien asegura que la cartera se la dio una clienta dos horas después de bajarme yo, pero ¿acaso importa quién fuera?).

Lo escandaloso, para mí, es que todo el mundo considere normal y hasta lógico que la gente se apropie de un dinero cuyo dueño está perfectamente identificado con nombre, apellidos y número de teléfono. Conozco otro caso de una mujer a la que pillaron con un móvil ajeno en su bolso, que alegó que el teléfono estaba en una mesa (en la sala de espera de un hospital) y "como no era de nadie", lo había cogido.

La pobreza moral de los españoles es tan palmaria, que no es extraño que los chorizos lleguen a las más altas cotas de poder y que la mayoría considere normal que roben o enchufen a familiares. Y los votan, porque ellos harían lo mismo.